Todos conocemos a Clarice Lispector: la autora enigmática, la narradora de lo inasible, la escritora que convirtió la conciencia en el centro de su literatura. Sus novelas y cuentos, traducidos a numerosos idiomas, han sido objeto de culto y estudio en todo el globo. ¿Pero habéis oído hablar de Elisa Lispector, su hermana mayor, escritora también? Mientras Clarice exploraba la subjetividad y la existencia desde una perspectiva casi metafísica, Elisa (cuya obra, injustamente relegada, aún no se ha traducido al español) construyó un discurso más apegado a la memoria, al exilio y a su identidad judía. Dos escritoras, dos caminos, pero una misma raíz: la historia de dos niñas emigrantes que transformaron la manera en que contamos el desarraigo.
La literatura brasileña del siglo xx encontró así en las hermanas Lispector dos voces singulares que, si bien compartieron un profundo sentido de la introspección, recorrieron vías estilísticas y temáticas diferentes en su modo de narrar el mundo. Clarice, con una prosa que rozaba la experimentación filosófica y el análisis de la subjetividad femenina, desafió las estructuras narrativas tradicionales y se convirtió en una de las figuras más emblemáticas del Modernismo tardío. Elisa, por su parte, se inclinó por una retórica más templada y comprometida socialmente, con relatos arraigados en la memoria, la inmigración y la identidad judía en un Brasil en pleno proceso de transformación.
Clarice y Elisa Lispector: literatura, identidad y exilio. Dos voces de la literatura brasileña que recorrieron vías estilísticas y temáticas diferentes en su modo de narrar el mundo. Un artículo de @nperezbrey. Compartir en XA través del estudio del estilo, la temática y el lenguaje en La hora de la estrella y O muro de pedras (dos de las obras más representativas de Clarice y Elisa Lispector, respectivamente), intentaremos no solo destacar las diferencias, sino también revelar los puntos en los que convergen ambos universos literarios. ¿Hasta qué punto su origen común influyó en sus respectivas obras? ¿Cómo dialogan sus narrativas con la historia y la individualidad de cada una? ¿Cómo plasmó una y otra hermana su visión del mundo?
La escritura como destino
Clarice y Elisa nacieron en Ucrania, en el seno de una familia judía que emigró a Brasil en los primeros años 20 del siglo pasado para escapar de los pogromos y la desolación de la I Guerra Mundial. La infancia de ambas estuvo marcada por la inestabilidad económica y la enfermedad de su madre, cuya convalecencia y muerte dejarían sin duda una huella indeleble en la sensibilidad artística de las hermanas.
No obstante, mientras Cerca del corazón salvaje (1943), su primera novela, convirtió a Clarice en un fenómeno literario a los 23 años, Elisa tardaría más en consolidar su posición: su debut, Além da frontera (1945), no se produjo hasta que tenía 34 años, y aunque la novela fue bien recibida, Elisa nunca alcanzaría la notoriedad de su hermana menor. En cualquier caso, la calidad de su obra es incuestionable y sus novelas, influenciadas tanto por el existencialismo europeo como por la literatura brasileña de corte realista, reflejan un sólido trabajo narrativo.
Clarice, ya sabemos, siempre fue una autora inclasificable. Sus libros, entre lo onírico y lo filosófico, con esa exploración casi mística de la conciencia y del lenguaje, desafían cualquier convención narrativa. Más que por la trama en el sentido tradicional, su escritura se preocupa por plasmar sensaciones, epifanías, estados de ánimo. Elisa, en cambio, pese al marcado carácter íntimo y a la indagación en la experiencia del desarraigo, optó por una prosa más directa, por unos personajes complejos y unas tramas bien definidas.
La hora de la estrella y O muro de pedras: dos formas de abordar la existencia
La hora de la estrella, publicada poco antes de su muerte en 1977, fue la última novela de Clarice Lispector. A través de la figura de Macabéa, una joven nordestina que llega a Río de Janeiro en busca de una vida mejor, la autora medita sobre la alienación, la invisibilidad social y la precariedad de los estratos más desfavorecidos. Sin embargo, fiel a su estilo, la novela no se detiene simplemente en el convencionalismo de la denuncia social, sino que la descompone en una consideración metafísica sobre la identidad y la existencia.
El narrador, Rodrigo S.M., introduce un juego metaliterario en el que la historia de la protagonista es filtrada por su propia angustia y dilema creativo. De este modo, la obra, además de contarnos la vida de Macabéa de una forma cruda pero a la vez poética, reflexiona acerca del acto mismo de escribir y sobre la imposibilidad de comprender enteramente al otro.
En O muro de pedras (1963), por su parte, Elisa Lispector presenta una mirada más tangible sobre el dolor y la memoria. La novela sigue a su protagonista, Marta, mientras se enfrenta al fracaso de su matrimonio, al aislamiento y a la angustia, a la nostalgia por su tierra, al peso de un pasado que se niega a desaparecer, y serán estas experiencias las que lleven al personaje a cuestionar su propia identidad y su lugar en el mundo.
Si bien el tono de Elisa es menos experimental que el de su hermana Clarice, su exploración de la soledad y el desarraigo es igual de potente. El estilo, aunque más tradicional en términos narrativos, no carece de profundidad psicológica y, en cierto punto, remite al existencialismo de Simone de Beauvoir o Albert Camus.
En este sentido, ambas novelas giran en torno a figuras femeninas frágiles, enfrentadas a un destino que no pueden controlar. No obstante, si Macabéa es casi una abstracción de la marginalidad, un ser etéreo que se mueve en un mundo que no parece verla, la protagonista de O muro de pedras es una mujer con una identidad más definida, cuyo sufrimiento no es solo individual, sino a la vez histórico y colectivo.
El lenguaje: entre la experimentación y la contención
Uno de los aspectos más fascinantes de este breve acercamiento comparativo es el diferente uso del lenguaje. En La hora de la estrella, Clarice Lispector no solo rompe con la sintaxis convencional, también sumerge al lector en un flujo de conciencia donde la palabra se fragmenta y se reconstruye constantemente para llevar el lenguaje a sus límites. La autora desarma la estructura narrativa al uso y experimenta con repeticiones, silencios y juegos metatextuales. Dicho estilo se intensifica además con la intervención del propio narrador, que, al interrumpir la historia para reflexionar sobre su propio proceso de escritura, genera un efecto de extrañamiento que obliga al lector a cuestionar la realidad misma del relato y convierte al lenguaje en el verdadero protagonista de la obra.
Elisa, por el contrario, aun cuando no renuncia a la belleza poética, adopta un discurso más sobrio y contenido. Su lenguaje es asimismo introspectivo e indaga en la subjetividad de sus personajes, desde luego, pero no es tan hermético como el de su hermana. En O muro de pedras, la narración fluye de manera más lineal y estructurada. Su uso del idioma es preciso y directo, de modo que, al evitar las rupturas estilísticas y los juegos metalingüísticos de Clarice, permite al lector introducirse en la historia sin el desconcierto que puede generar la prosa de su hermana pequeña.
Y ahí radica una de las grandes diferencias entre ambas autoras: mientras Clarice infringe la lógica narrativa convencional para ahondar en el torrente del pensamiento, Elisa utiliza el lenguaje como puente hacia la memoria y la experiencia. En cualquier caso, y a pesar de sus contrastes, ambas novelas evidencian un interés legítimo por expandir las posibilidades del discurso literario: Clarice, desde la deconstrucción y la experimentación; Elisa, desde la contención y la estructura. Dos caminos distintos que, sin embargo, reflejan la riqueza del lenguaje y su capacidad para articular las múltiples dimensiones de la experiencia humana.
Clarice y Elisa Lispector. Mientras Clarice infringe la lógica narrativa convencional para ahondar en el torrente del pensamiento, Elisa utiliza el lenguaje como puente hacia la memoria y la experiencia. Un artículo de @nperezbrey. Compartir en XLo universal y lo particular en el contexto social y político
Otro punto de divergencia es la relación de cada autora con el contexto histórico y político de Brasil. Si bien Clarice Lispector expone la marginación y la desigualdad de la sociedad urbana desde una perspectiva universal y filosófica, Elisa, sin perder tampoco de vista la complejidad psicológica de sus personajes, aborda la alienación del individuo en un entorno más particular y mesurado. Es decir, al contrario que Clarice, que tiende a lo universal y lo metafísico, Elisa incorpora una preocupación más explícita por el contexto social.
En La hora de la estrella, y a través de enfatizar la presión y el abandono, Clarice denuncia la brecha social que caracterizaba al Brasil de la segunda mita del siglo xx, pero lo hace, sin embargo, desde una perspectiva más simbólica que política. Macabéa no solo representa una realidad social específica, no es solo una joven migrante del noreste del país que sobrevive en los márgenes de una sociedad marcada por el capitalismo, sino que se convierte en paradigma de la exclusión estructural y de la vulnerabilidad humana para trascender así a su tiempo y espacio.
Por su parte, Elisa plantea en O muro de pedras el aislamiento y la lucha interna de Marta, su protagonista, en un contexto histórico de profundos cambios políticos y sociales para el país. En este sentido, aunque la novela no es abiertamente política, refleja la incertidumbre y el desarraigo de una sociedad en transformación, donde las estructuras tradicionales se desmoronan y el individuo debe enfrentarse a una modernidad que no siempre ofrece respuestas claras.
Como observamos, pese a enfocarlo desde ópticas distintas, ambas autoras capturan las tensiones sociales y políticas de su tiempo. Pero si Clarice construye esa crítica existencial desde unas implicaciones colectivas más amplias, más simbólicas, Elisa elige una mirada más íntima y psicológica, más anclada en la experiencia particular de su protagonista. En cualquier caso, ya sea desde la subjetividad individual o desde una mirada colectiva, tanto la literatura de Clarice como la de Elisa son reflejo de la sociedad brasileña que les tocó vivir.
Conclusión: dos caras de la misma búsqueda
Aunque las hermanas Lispector abordan, según vemos, la literatura de manera diferente, en el fondo participan de la misma inquietud: la exploración de la identidad, la incertidumbre y la soledad de sus protagonistas. Aparte de las discrepancias estilísticas y temáticas, de la divergencia de sus obras en tono y forma, comparten tanto la profunda reflexión sobre la condición humana como el impacto que el contexto social y político tiene en la subjetividad de sus personajes.
No obstante, mientras Clarice, a través de una prosa fragmentada y filosófica, llevó el lenguaje a los límites de la experimentación con una perspectiva más metafísica, Elisa optó por una estructura narrativa más convencional y por un lenguaje preciso, directo, más realista, pero de una profundidad emocional no menos conmovedora.
Así, mediante la comparación entre La hora de la estrella y O muro de pedras, entendemos cómo estas dos escritoras pudieron construir universos a la vez tan distintos como complementarios. Clarice, con su prosa casi mística, nos enfrenta al abismo del ser y convierte la marginalidad en símbolo universal de la fragilidad humana; Elisa, en cambio, con una escritura anclada en la historia y los recuerdos, nos sitúa en un contexto más tangible y nos subraya el valor de la pertenencia y la memoria. Sea como sea, ambas autoras retratan una sociedad en crisis, solo que con enfoques diferentes: una, desde lo simbólico y lo abstracto; otra, desde lo concreto y particular.
En definitiva, gracias a su distancia estilística y temática, a sus estilos opuestos pero conectados, las hermanas Lispector contribuyeron a enriquecer las letras brasileñas con dos perspectivas únicas y demostraron que la literatura, como la vida, puede ser un espacio donde lo individual y lo colectivo, lo experimental y lo estructurado, lo global y lo particular convivan en un mismo universo narrativo. Sus obras siguen dialogando con los lectores y entre sí, y reafirmando que, si bien recorrieron caminos distintos, ambas compartieron no solo una misma esencia literaria, sino existencial.
Clarice y Elisa Lispector: literatura, identidad y exilio es un artículo de Noel Pérez Brey.
Sobre el autor, Noel Pérez Brey
Noel Pérez (Toledo, 1979). Licenciado en ADE y en Filología Hispánica. Responsable de Type Literaria, revista especializada en relato corto.
Ha compaginado diversos trabajos con la escritura: contable, profesor de español, traductor, encuestador telefónico, redactor de contenidos para webs…
Entre la decena de galardones recibidos, destacan el primer premio de narrativa en el Iparraguirre Saria de 2008 (Zumarraga-Urretxu), el tercer premio en el XI Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba (2014, Córdoba) o ser finalista en el I Concurso de Relatos Breves Enrique Gallud Jardiel (2016, Alicante).
Fue elegido como uno de los Talentos 2013 por el diario El País.
Además de sus publicaciones a título individual, ha colaborado tanto en antologías como con múltiples cuentos y estudios críticos en diferentes revistas literarias.
Con el presente artículo sobre Clarice y Elisa Lispector inicia su andadura como autor y colaborador en Revista MoonMagazine.
En 2022 publicó Monstruos con Valhalla Ediciones. En septiembre, publicará su tercera novela, Del cielo azul, con la editorial Villa de Indianos.
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